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¿Por qué no logro conectar con mi equipo? (I)

Comunicación directiva, Liderazgo /
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Mario es un directivo de una importante empresa. Acaba de ser ascendido y ahora es responsable de un equipo de 10 personas. Tras las primeras semanas de adaptación al nuevo puesto, Mario se siente contento y satisfecho, dispuesto a dar lo mejor de sí mismo y demostrar que es un buen líder. Al cabo de unos meses, comienza a sentirse frustrado y desmotivado. El trabajo no avanza como él quisiera. Hay algo que no funciona y no sabe como manejarlo. La comunicación con su equipo no es lo fluida y abierta que él desearía. No logra conectar con ellos.

 

Esta situación es más habitual de lo que creemos. El conocimiento y la experiencia profesional no tienen porque ir en sintonía con la capacidad de relacionarnos y comunicar. Un excelente profesional no siempre es un buen guía. Saber el camino a recorrer no es suficiente. También hay que saber como comunicar a nuestro equipo cual es ese camino y como recorrerlo.

 

Este es el primer post de cuatro donde hablaremos de por qué nos cuesta conectar con nuestro equipo.

 

La primer causa es que nadie nos lo ha enseñado. Parece algo demasiado obvio o simplista, pero es la realidad. Durante años nos formamos y trabajamos para ser buenos profesionales. Los mejores en nuestra área. Luchamos duro para convertirnos en excelentes gestores. Pero no se nos enseña a gestionar nuestra comunicación con los demás. No se nos enseña a relacionarnos, a comunicarnos con aquellos que tenemos más cerca y forman parte de nuestro entorno, equipo, de nuestro trabajo. Es algo que hacemos lo mejor que podemos. Hacemos lo que sabemos.

 

Que no nos lo hayan enseñado no significa que no lo hayamos aprendido. En la mayoría de los casos acabamos imitando conductas que hemos vivido por nosotros mismos. Lo que vimos en nuestros padres, profesores y, ya en nuestra etapa profesional, jefes. El estilo de liderazgo y comunicación ha cambiado mucho en los últimos treinta años. La generación actual de directivos, aquellos entre los 30 y 50 años, se encuentran en un limbo en lo que lo anterior ya no vale y lo nuevo es confuso. Son con toda probabilidad la generación mejor formada y preparada de la historia, pero en lo que a comunicación y relación se refiere no hemos avanzado mucho.

 

El estilo de liderazgo y comunicación que hemos visto y aprendido es un estilo directivo, autoritario, distante y en ocasiones paternalista. Sabemos que no es lo que queremos. Sabemos que no es el estilo que nos gusta para nosotros. Cuando tenemos que demostrarlo buscamos y no encontramos. No tenemos otras referencias reales y acabamos imitando el estilo aprendido. Acabamos siendo autoritarios, distantes y paternalistas. Como resultado, la comunicación se resiente. No conectamos como quisiéramos. No logramos hacerlo como nos gustaría. Es igual que el hijo que dice que nunca educará a sus hijos como lo hizo su padre con él. Cuando tiene sus propios hijos acaba imitando y potenciando a su padre. Es lo que aprendió.

 

No saber no exime de responsabilidad. Podemos aprender a mejorar nuestras habilidades de comunicación para ejercer un liderazgo más abierto, participativo y comunicativo. La rutina del día a día, los propios hábitos adquiridos y la mayoría de las formaciones, libros, cursos o videos al respecto, son tan variados que hace confuso el aprendizaje. Nos enfocamos solo en la teoría, en la razón. Olvidamos la realidad donde también entra en juego el corazón.

 

Como última excusa, siempre nos queda el “yo soy como soy”, “es mi carácter” o “los demás también tienen que poner de su parte”. El orgullo y el ego son un gran freno. De esto hablaremos otro día. La buena comunicación empieza por uno mismo, como casi todo. No podemos, de entrada, esperar que los demás nos acepten, nos traten o nos respeten como nos gustaría.

 

Si realmente queremos “conectar” y “comunicar” siempre tendremos que dar nosotros el primer paso, y saber aceptar y reaccionar de forma positiva y constructiva a lo que nos encontremos. Pongamos primero de nuestra parte, cedamos, aprendamos, respetemos, si realmente queremos ejercer un buen liderazgo desde la buena comunicación.

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