Aprendiendo a liderar equipos

Ana es empleada de una gran empresa. Trabaja en el departamento de marketing. Se siente muy satisfecha con su trabajo, con su sueldo, con la compañía y con la relación que mantiene con el resto de compañeros de departamento. Solo hay una cosa que desde hace algún tiempo la tiene algo inquieta. No es que le moleste o que le quite el sueño, no, simplemente es algo que tiene presente más a menudo de lo que le gustaría, se siente estancada.

Ana lleva más de cinco años trabajando en la misma posición. Desde un principio pensó que su trabajo en la empresa era una buena oportunidad para desarrollar su carrera profesional, pero han ido pasando los años y no ha habido ningún cambio. Está muy bien considerada y la aprecian. Cobra un salario acorde a su trabajo y disfruta de cierta libertad de movimientos. La verdad es que realiza su trabajo muy bien. Solo que el tiempo va pasando y ella esperaba haber ascendido.

De repente, cuando menos se lo espera llega el ascenso deseado. Su jefe de departamento se marcha y el puesto a quedado vacante. Ana es la persona más preparada y con más experiencia de todas. Es más, en muchas ocasiones ha sustituido a su jefe cuando éste estaba ausente. La empresa conoce perfectamente la situación, la preparación, la experiencia y las inquietudes de Ana, así que deciden ofrecerle el puesto de directora de marketing.

Ana recibe la noticia con sorpresa, pero a su vez, siente que se lo ha ganado. Esta muy contenta y orgullosa. Por fin ha llegado su momento. A partir de ahora es la nueva directora de marketing. Tiene muchas ganas de empezar y además muchas ideas que le gustaría poner en marcha. Quiere dar un empuje al departamento, demostrar su valía, hacer ver que no se han equivocado en la elección.

Los primeros días son frenéticos. Muchos cambios a nivel personal y muchos proyectos e ideas en la cabeza. Pero al cabo de tres semanas comienzan las dudas. Ahora ya no es una compañera más de la oficina, ahora es la jefa del departamento. Aunque sus compañeros han celebrado su ascenso, no todos lo han visto con buenos ojos. Ahora tiene a su cargo un abultado presupuesto que administrar y un equipo de 15 personas que gestionar. “¿Seré la persona adecuada para el puesto?”, se pregunta. “¿Cómo voy a hacer para que mi equipo crea en mí?” “¿Cómo puedo ganarme a aquellos que no creen que mi elección haya sido la correcta?” “¿Estaré a la altura que esperan mis jefes?” “Nadie me cuenta ahora lo que pasa en el departamento”.

A partir de ahora muchas de las decisiones que tome no agradarán a todos. Sabe que no puede pretender agradar a todo su equipo en todo momento. El destino de su departamento y de su equipo están en sus manos y esto la asusta. Durante mucho tiempo se ha estado preparando y reciclando en las diferentes áreas de su profesión, pero nadie le ha enseñado, hasta ahora, a dirigir un equipo de personas. Y la clave de que todo, vaya bien o mal, en gran medida está en su capacidad de liderazgo.

La situación en la que se encuentra Ana es más habitual de lo que pensamos. Durante años nos preparamos para desarrollar de la mejor forma posible nuestra profesión, pero no nos preparamos y no nos enseñan a liderar personas. Como todo en esta vida, el liderazgo de equipos es algo que se puede aprender.

Hoy en día la palabra liderazgo está de moda, incluso distorsionada, según mi opinión. Parece que para ser un buen líder, prácticamente hay que ser un súper hombre o súper mujer. Continuamente recibimos información sobre como tiene que ser un buen líder, las características de un buen líder, Los cinco (o siete, o diez, o quince…) valores del buen líder. Algo que está muy bien como información, pero solo como información. Cuando leemos estos libros, artículos, monográficos, etc. a uno le entra la sensación de que nunca llegará a ser un buen líder, claro está, dentro de esos parámetros. Y esto alimenta que surjan más artículos y libros y cursos de liderazgo, ya que nunca nos sentiremos satisfechos con el listón tan alto que nos han puesto.

Liderar equipos no es sencillo, pero tampoco es algo imposible. Hay quien nace con esta capacidad y hay quien la aprende por el camino. No nos dejemos asustar por lo que vemos o escuchamos. Sigamos nuestra intuición.

Hay tres herramientas muy útiles que nos pueden ayudar mucho, que todos tenemos a mano, y que no las utilizamos todo lo que deberíamos.

  1. Observa. Estate atento a todo lo que pasa a tu alrededor dentro de tu equipo. Observa en silencio. Siempre. En todo momento. Muchas veces la información la tenemos delante de los ojos y no la vemos.
  2. Escucha. Mantén siempre una actitud de escucha activa. Escucha en silencio. Solo escucha. Todo lo que tienes delante. Cuando entras, cuando sales, cuando estás en tu despacho, cuando paseas por la oficina. Al igual que cuando observas, aquello que buscas o que no acabas de comprender puede que esté delante tuya y solo sea cuestión de activar la escucha “activa”.
  3. Y por último, pregunta. Siempre que quieras saber algo que no sabes, aclarar algo que no comprendes o siempre que quieras información. Muchos conflictos comienzan por el miedo a preguntar.

Confía en ti mismo/a. El camino se aprende caminando.

 

 

 

Alfonso Pérez Azcárate / www.apazcarate.com / info@apazcarate.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.