¿Por qué no logro conectar con mi equipo? (II)

En un post anterior conocimos a Mario. Después de ser promocionado en su trabajo y hacerse cargo de un equipo, no logra mantener una comunicación fluida y abierta con ellos. No se siente escuchado. No se siente “conectado” con su equipo.

Vimos como el hecho de que nadie le haya enseñado a gestionar su comunicación, hace que eche mano de comportamientos aprendidos, imitándolos y repitiendo conductas que, en ocasiones, no es lo que el querría y no son las más adecuadas.

Hoy nos vamos a centrar en la segunda causa. Si la primera era el no saber, la segunda es el conocer demasiado. La comunicación es algo tan habitual y normal en nuestra vida que no le damos la importancia que merece. Todos, en todo momento, estamos comunicando, enviando información. Hasta cuando no decimos nada, nuestro cuerpo habla por nosotros. Todo es comunicación.

Desde que nacemos, lo primero que aprendemos es a comunicarnos

Antes que seres racionales o emocionales somos seres sociales. Poder comunicarnos es imprescindible. Ahora bien, es una habilidad que tenemos tan interiorizada, tan usada, que no damos importancia a cómo lo hacemos, y es en el “cómo” donde está la clave.

Que esté permanentemente comunicándome no quiere decir que lo este haciendo bien

La comunicación es egoísta, porque es de lo que nos servimos para obtener lo que queremos. El decir algo a alguien, el escribir un mail, es un proceso complejo del que no somos conscientes y sobre el que no tenemos todo el control. ¿Y cómo es este proceso?

Todo comienza por lo que queremos decir

Lo que está en nuestra mente. La idea, orden, petición, consulta o sugerencia que queremos transmitir. Lo que queremos decir es lo que queremos que el otro interprete.

El proceso continua con lo que estamos pensando en ese momento

Lo que pensamos puede condicionar y modificar lo que queremos decir. Podemos “suavizar” el mensaje si no tenemos confianza con la otra persona o la noticia no le va a gustar.

A continuación viene lo que realmente decimos

También condicionado por cuándo, cómo y dónde lo decimos. Este es el mensaje que la persona oye.

Lo que oye no tiene porque ser lo que escucha

Una distracción por su parte y se puede perder parte de nuestro mensaje.

Y todo para llegar a lo que realmente interpreta

Que no siempre es lo que nosotros queríamos decir.

Sobre los tres primeros pasos tengo cierto control. Sobre los tres últimos no tengo ningún control. En el momento que las palabras salen de nuestra boca, o en el momento que pulsamos la tecla “enviar”, perdemos el control del mensaje.

Por eso es importante que trabajemos el cómo nos comunicamos. Que seamos conscientes. Que nos aseguremos que lo que queremos decir es lo que nos interpretan. Que estemos alerta. La buena comunicación comienza por uno mismo. No puedo “conectar” con mi equipo si no soy consciente de como me estoy comunicando con ellos.

 

 

Alfonso Pérez Azcárate / www.apazcarate.com / info@apazcarate.com

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