¿Te has fijado alguna vez cuánto “ruido” hay en tu comunicación?

El “ruido”

A la hora de comunicarnos con los demás, la mayoría de las ocasiones no mantenemos una concentración total. Al no hacerlo perdemos partes del mensaje que posteriormente reconstruimos en nuestro cerebro, pero esta reconstrucción ya la hacemos desde nuestro mapa mental, desde nuestra percepción. Esto hace que la interpretación que hacemos del mensaje no sea exactamente lo que nos han querido transmitir.

A estas distracciones que hacen que no mantenga mi concentración al 100% las llamaremos “ruido”.

Hagamos un experimento. Cierra los ojos y concéntrate en todos los sonidos que en este momento están captando tus oídos. Permanece así durante unos minutos. Con este ejercicio tomas consciencia de todos los sonidos que hay en tu entorno. Hace unos minutos ni los notabas pero a través del ejercicio te das cuenta del perro que ladra a lo lejos, del tráfico que hay en la calle, de la conversación de unos compañeros que tienes cerca, del zumbido de la bombilla fluorescente que tienes encima, del ruido del compresor de la maquina de aire acondicionado, de los teléfonos y del hilo musical del despacho de al lado. Multitud de sonidos que no escuchábamos pero sí oíamos.

Este ruido a la larga no solo nos merma nuestra capacidad de concentración, además, de manera muy sutil, nos va cargando poco a poco, aumentando nuestros niveles de ansiedad y estrés.

Realicemos otro experimento. Cierra los ojos y concéntrate en tu cuerpo, desde la cabeza hasta los pies… ¿Qué es lo que percibes? ¿Notas alguna parte de tu cuerpo en tensión? ¿Quizás el cuello? ¿Los hombros? De repente tomas consciencia de ese ligero dolor de espalda que tienes hace días, o de cómo el café de esta mañana no te ha sentado muy bien. Igual sientes algo de frío porque el aire acondicionado esta muy bajo. Al igual que con los sonidos, hace unos minutos, no eras totalmente consciente de estas molestias, pero también reducen tu capacidad de concentración.

Si sumamos sonidos, sensaciones y además añadimos estímulos visuales, el coctel es perfecto. Todos estos “ruidos” afectan a nuestra capacidad de comunicarnos, sobre todo a la hora de escuchar.

¿Qué podemos hacer?

Ser conscientes de estas distorsiones y minimizarlas en lo posible. Ante una reunión o una conversación importante para nosotros tenemos que reducir todos los “ruidos” que nos puedan distraer.

 

 

Alfonso Pérez Azcárate / www.apazcarate.com / info@apazcarate.com

 

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